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Aniversario y recuento

Estoy de regreso, mucho ha pasado. Estuve muy ocupada durante el Mundial, como algunos saben trabajo en periodismo deportivo y eso significó que pasé casi un mes trabajando de corrido sin días libres. Producto del estrés y la ansiedad que eso significó he subido algo del peso que perdí previamente. Además, se acercan mis plazos para entregar la tesis, lo que también me ha tenido bastante atareada. Pero no quería dejar pasar esta ocasión sin actualizar. Mañana se cumple un año desde que creé este blog, como una ayuda extra en mi lucha contra el sobrepeso. En ese tiempo pesaba unos 75 kgs, ya había perdido 6 desde febrero. Hoy estoy en un sitio muy similar, sigo con serios problemas para enfrentar las presiones y problemas del día a día sin comer. Pero por hoy quisiera enfocarme en el camino que he recorrido por varios años, pues creo que es vital para poder bajar definitivamente de peso y aprender a manejar esta problemática relación que tengo con la comida.
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Perdí mucho peso hace un tiempo. Con perseverancia, trabajo duro y mucha determinación. Me veía como en mi adolescencia, antes de que ochocientos mil problemas me cayeran encima. Esos problemas cambiaron mi vida, incluido mi aspecto físico, ya que en vez de lidiar con ellos, los evadía, acumulaba ansiedad y terminaba comiendo en exceso.

En 2007 recuperé el peso que perdí con tanto esfuerzo durante 2006. ¿Por qué? Porque me las había arreglado para sobrevivir con los ochocientos mil problemas que me cayeron encima evadiéndolos en vez de enfrentándolos, y en 2007 debí enfrentarlos. Y no supe hacerlo sin acudir a la comida y al alcohol. Tenía miedo de tomar las responsabilidades que debía asumir. Quería que me devolvieran esa adolescencia que sentí que me arrebataron cuando se murió mi papá y se enfermó mi mamá. Tenía que tomar pasos por mí misma para estar mejor que no quería tomar, porque tomarlos significaba terminar de asumir lo que había perdido, y no quería asumirlo, lo quería de vuelta. Asumir, dejar ir, crecer. No quería hacer cosas, quería algo imposible, volver atrás, que me devolvieran lo perdido.

Después de recuperar los 15 kilos que perdí comiendo y bebiendo e incluso metiéndome en una relación absolutamente equivocada sólo para seguir evadiendo que las cosas estaban lejos de ser como yo quería que fueran, toqué fondo. Y poco a poco, paso a paso, fui yo misma arreglando mi vida. Frenando las fiestas, el alcohol y la comida. Comenzando a trabajar, aún antes de terminar la universidad. Intentando evolucionar en el trabajo. Independizándome. Cortando el cordón umbilical con mi familia. Asumiendo que no puedo recuperar lo que perdí, sólo tratar de mejorar mi vida por mi misma. Encontrando un novio maravilloso al lado de quien seguir construyendo mi vida, ahora nuestras vidas. Sólo me queda un residuo de la antigua yo que evadía y no quería enfrentar todas las cosas que me pasaron. Son unos cuantos kilos demás y la costumbre de comer cuando las cosas se ponen difíciles y no las sé enfrentar. Es todo lo que necesito dejar atrás para poder realmente celebrar mi nueva vida, mi nueva yo.

¿Me ayudan?

Día 53 del Reinicio: De vuelta al 70

¡Así es! Ayer en la mañana me subí a la báscula antes de desayunar y ésta recompensó mis esfuerzos con un maravilloso 70 exacto, ningún gramo más, ningún gramo menos. Recuerdo cuando en noviembre pesaba esto y me tenía harta porque lo único que quería ver era un cambio en la báscula... y ahora estoy tan feliz de ver este numerito de nuevo! jajajaja. Ironías de la vida.

Así que por fin llegué a la segunda meta de las que me impuse el día de mi Reinicio (15 de marzo). Y toca remplazar la reglette por una nueva meta, pero a ratos me dan ganas de dejarla un tiempo más ahí mostrando mi meta cumplida, se ve tan linda, jijiji. Pero aún me falta para llegar al normopeso y más para el peso ideal así que prontamente será reemplazada por los siguientes objetivos.

Y... adivinen qué, mañana viernes es mi cumpleaños!!! Así es, cumplo 25 años, y estoy feliz de que los celebraré con 8 kgs menos que el año pasado (aunque si hubiese sido más constante podría ser una diferencia aún mayor, pero qué se le va a hacer). Creo que más adelante subiré las fotos comparativas para que las vean, yo en mi cumple del año pasado y yo en mi cumple de este año. Y espero que el del próximo año sí pueda recibirlo realmente en mi peso ideal.

Bueno, de sobre está decir que por el cumpleaños me saldré de la dieta, pues es EL día del año que es para mí y pienso consentirme. Pero inmediatamente después de eso vuelvo a la dieta con más fuerza que nunca, nada de decir "como ayer no estuve a dieta, mejor convirtámoslo en todo el fin de semana" o cosas así. No quiero. Quiero seguir portándome bien, seguir viendo buenos resultados, seguir cambiando mi vida. Esta vez realmente quiero hacerlo.

Sobre sus comentarios en mi entrada anterior veo que no soy la única reacia al tema de los medicamentos, jajaja. Bueno, les aliviará entonces saber que no los tomaré. El lunes tomé uno sólo y me alteró demasiado, estaba acelerada, medio temblorosa y por la noche no podía dormir. El médico me recetó algo también en caso que no pudiera dormir, pero eso me volvería realmente una adicta a los fármacos. Dos durante el día para controlar la ansiedad y luego uno en la noche para poder dormir? Ese no es modo de vivir. Si algún día siento una ansiedad incontrolable, consideraré tomar los fármacos sólo por ese día, pero nada más, no se volverán una costumbre ni una constante en mi vida, quiero hacer esto sin ellos. Creo que necesito ayuda para controlar mi ansiedad y cambiar mi vida, pero ayuda de otro tipo. Sé que hay gente que toma medicamentos y le funcionan bien, pero yo No quiero hacerlo. No si hay otro modo de hacer esto.

Ah, sobre el fibrasol, efectivamente es como una fibra que se diluye en agua, como si fuera un té. El médico lo recomienda porque también te ayuda a sentirte saciada y además combate el estreñimiento. Pero no es mi casi, si me pasa algo es que voy al baño demasiado seguido y no sé si necesito esta fibra extra en mi vida XD De todos modos compré una caja, just in case.

Así que aquí estoy, bien hasta el momento, contenta con la dieta del médico, contenta con mis resultados y contenta con MI CUMPLEAÑOOOOS, jajajaja. Así que ánimo que si yo puedo, ustedes también.

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En otro tema, quería repetir mi historia con el sobrepeso y las dietas para la gente nueva que ha ido llegando pero no me da tiempo de escribirla en extenso. Supongo que un resumen ejecutivo sería decir que desde la adolescencia que lucho con el sobrepeso y la ansiedad, gatillada en parte por problemas personales (que me han disparado la ansiedad y llevado a subir de peso). Hice varias dietas, perdí peso pero luego volvía a subir siempre en períodos de ansiedad. De esas veces la más memorable es del año 2006 que estuve pesando entre 60 y 61 kgs pero el 2007 volví a subir todo e incluso más. En febrero del año pasado llegué a pesar 81 kgs. Comencé algunas dietas interrumpidas que en julio me llevaron a decidir un intento "más serio", esta vez con 75 kgs y entonces abrí el blog.

En noviembre estuve pesando 69,5 kgs, en diciembre volví a subir un poco, luego lo volví a bajar y durante enero y febrero hice cualquier cosa así que volví a subir de peso hasta estar en 75 kgs de nuevo en marzo. Así fue como el 15 de marzo lo escogí como mi fecha de Reinicio y desde entonces estoy contando los días y tratando de dar cuenta de mi proceso lo mejor posible. Ya he perdido 5 kgs desde entonces, volviendo a sentirme como lo hacía en noviembre, y espero que desde aquí el camino sea nuevo y sólo avanzar en él, no volver a retroceder más. Esto para mí no es sólo estar a dieta y perder peso, quiero cambiar mi vida, mis hábitos y mi relación con la comida. No quiero comer por ansiedad o porque no sé lidiar con mis problemas. Quiero superar mi adicción a la comida y a comer cuando estoy triste, nerviosa, ansiosa, estresada, etc. En fin, quiero ser una persona sana con todo lo que eso implica.

Las dietas y yo

Cuando era adolescente comencé con las dietas. Nunca las necesité en la niñez ni en la pubertad, siempre fui delgada, incluso era reconocida como una de las "flacas" de mi curso de colegio, quién lo diría.

Con la pubertad llegaron las curvas. Mis compañeras especulaban sobre si me había llegado o no mi primera menstruación al ver que tenía más curvas que ellas (aunque en ese tiempo tampoco eran muchas), mi cuerpo siempre fue así, un paso más adelante que el resto en lo que a pechos y caderas respectaba. Al principio mis curvas eran aún algo discretas, y el cuerpo delgado que tenía en ese tiempo las lucía muy bien. Me gustaba mi cuerpo, aunque siempre me acomplejaron un poco mis piernas, pues también tomaron forma antes que las de mis amigas. Pronto eran un poco más gorditas en el muslo que las de otras niñas, y a mí eso me acomplejaba un poco, me parecía gordo y feo, jajaja, pero bueno, era una niña.

A los 14 años engordé por primera vez un poco, y mi madre apenas lo notó me puso en mi primera dieta, aunque no tenía mucho sobrepeso, sólo un poco. Fue una dieta con nutricionista, si mal no recuerdo, muy sana, y también fui al gimnasio, por primera vez, antes hacía danza, pero nunca había ido a un gimnasio.

A los 15 había perdido el peso que necesitaba y estaba perfecta, pero pronto volví a engordar un poco. A los 16, otro poco. Y a esa edad empezaron mis dietas locas. Comencé a hacer dietas relámpago antes de algún evento social o algo importante (una vez antes de una presentación de manos libres con el equipo de gimnasia, yo hacía esto porque era lo más parecido a la danza que había en el colegio). Las dietas me las daban mis compañeras. Eran las típicas dietas shock, así como "la dieta de la manzana" o "la dieta de la sopa" o una de comer un tipo de alimento (frutas, verduras, lácteos, etc) distinto por día. Siempre perdía peso. Siempre volví a subir.

A los 17 pasó lo de mi mamá que les conté en un post sobre mi historia y engordé mucho, por ansiedad. Antes yo ya me había dado cuenta que la ansiedad era un problema que yo tenía y con el que recurría a la comida. Veía que cuando mi mamá me retaba por mi peso y trataba de vigilar mis comidas mi ansiedad aumentaba y mayor era mi deseo de comer, así que terminaba comiendo a escondidas. Todo empeoró después que ella enfermó. Por primera vez sobrepasé los 70 kilos, llegando a pesar como 75, en aquél tiempo. Para el verano de ese año fui a un médico, me puse a dieta y tomé clases de danza 3 veces a la semana, además caminaba mucho. Bajé 11 kilos. Volvió a comenzar el año escolar, volvió el infierno de la enfermedad de mi mamá y el colegio donde me sentía incómoda y fuera de lugar. Volví a engordar. Entonces comencé a vomitar por primera vez. Me inducía el vómito de vez en cuando para escapar de la culpa por mis excesos. Nunca lo hice con demasiada frecuencia, sólo dos o tres veces a la semana en mis períodos de mayor actividad. Pero no lo hice sólo por el peso, la comida y la culpa. Lo hice porque quería destruirme a mí misma. Estaba sumida en una profunda depresión y no me importaba cómo, quería atentar contra mi cuerpo, deseaba destruirme. Deseaba estar en cualquier lugar menos donde estaba. Quería desaparecer o dormir para siempre, o al menos por varios años. Si cualquiera de mis acciones parecía dañina, no sólo no me importa. Me gustaba un poco. Era lo que quería. Hacerme daño. Como fuese. Entre más, mejor. Junto con la comida, era mi droga. Dañarme.

Con 18 años, en el verano hice otra dieta, esta vez por mi cuenta y también sana, siguiendo los consejos de mi dieta con médico del año anterior. No hice mucho ejercicio, pero caminaba bastante. Esta vez no bajé tanto como antes, unos 8 kilos. Pero fue lo suficiente para verme bien durante la temporada de calor. Pero en ese verano conocí también el alcohol. Antes lo conocía, claramente, pero ese verano tuve amistades cerveceras por primera vez. Me juntaba con ellas a beber casi día por medio (estaba de vacaciones). A veces con moderación, otras no tanto, otras nada. Así llegué a la universidad con una resistencia envidiable por hombres más grandes que yo al alcohol. Y así llegué a las fiestas universitarias, y el alcohol afianzó su estadía en mi vida.

Subí de peso en primer año, otra vez. Desde entonces, en innumerables ocasiones comencé dietas que rompía a los 3 días o menos. Siempre tratando de mantenerlas sanas, con las ideas de los médicos y las dietas que me habían dado. Pero no duraba. Pero siempre volvía a intentarlo porque una parte de mí sabía que no estaría 100% satisfecha si no estaba en mi peso normal. Pero era más fácil decir "no, en realidad no me importa, después me pongo a dieta, comienzo el lunes" que ser constante. Era más fácil aplazar indefinidamente el cambio definitivo que realmente hacerlo. Así transcurrieron 3 años.

En el 2006 hice la gran dieta de la que a muchos les conté. Perdí unos 15 kilos, más de lo que jamás había perdido en mi vida. Por primera vez en años volvía a pesar lo que pesaba a los 15 años. Ni siquiera con mi dieta a los 17 ó a los 18 lo había logrado. Además, entré a trabajar de extra a una compañía de teatro que montaba musiocales. Yo bailaba de extra y sudaba mucho, tomaba clases de danza con ellos, y además comencé a correr para mejorar mi resistencia física. Así logré tener el físico de unas fotos que les mostré hace varias entradas de ese tiempo. Podía mostrar el ombligo feliz. Usaba mini faldas, sin complejos por mis piernas, y todos los vestidos me quedaban bien (excepto a veces por mis pechos, pero hay cosas que no cambian).

Pasó un año. Mi novio de aquél entonces y yo terminamos de manera definitva. El vacío que dejó al salir de mi vida fue tal, y yo por un estúpido orgullo fui tan reacia a admitirlo, que me dediqué a destruirme otra vez, pero esta vez sin vómitos. Con mi ya no tan nuevo amigo el alcohol. Y con comida, claro, pues cada vez que bebía me daba hambre. Y vaya que me destruí. Preocupé a toda mi familia y a algunos amigos. Todos los fines de semana llegaba borracha a casa. No con unas copas de más, borracha. Una vez me caí y me herí el rostro en mi borrachera. Perdí dos teléfonos móviles. Y engordé. Y cuando dejé de beber tanto y comencé a estar mejor, estaba tan confiada de que aunque había engordado, seguía estando más flaca que hace unos años, que seguí comiendo sin ningún control. Y seguí engordando. Y no me di cuenta y estaba en el lugar donde partí antes del 2006. Porque no supe o no quise manejar mis emociones ni mi ansiedad. Porque no quise asumir mi dolor y decidí comérmelo y bebérmelo. Porque no quería asumir cuantas cosas estaban mal en mi vida o me molestaban y era más fácil comer, comer, comer.

Luego volví a las dietas interrumpidas, a las que rompes a los 3 días y dices "el lunes empiezo, el lunes lo hago en serio". Y así transcurre una semana, y otra, y otra. En septiembre del año pasado me vine a vivir sola con una amiga. El primer mes me porté muy bien, comí sano, mis comidas dependían sólo de mí, y podía prepararme siempre ensaladas y cosas así. Bajé unos 4 kilos. Pero luego me ganó el hastío y la conformidad y comencé a comer mal, dejé de planificar mis comidas, compraba cualquier cosa o me preparaba siempre pasta. Y luego me puse un poco tonta otra vez.

Mi desesperación por perder peso era tanta y mi constancia y fuerza de voluntad tan pocas, que volví a las dietas relámpago. Incluso volví a vomitar algunas veces. Hice "la dieta de la fruta", y "la dieta diurética del melocotón" (estoy inventando los nombres, en verdad no los recuerdo) y otras tonterías. Siempre volvía a subir al acabarlas y aumentaban mi ansiedad por carbohidratos a niveles abismantes. Ahora pienso que es natural. Claro que el cuerpo te pide comer de todo con moderación. Claro que el metabolismo se vuelve más lento si comes apenas 500 calorías por día. Claro que el cuerpo siente que lo estás matando de hambre y en tu próxima comida te pide, no TE EXIGE carbohidratos para obtener de ellos de manera rápida las calorías que le faltan. Claro que te pones más ansiosa y sientes más deseos de comer. Es evidente. Mi madre me lo repetía siempre cuando yo me quejaba de que me mataba de hambre y no perdía peso. Yo no le hacía caso. No quería hacerle caso. Hasta que la realidad fue más fuerte. Nada de esto estaba resultando y yo terminaba cada vez más frustrada y ansiosa y gorda. Ya ni siquiera perdía peso con las dietas shock. Mi cuerpo se acostumbró a ellas. Pasó el verano en el que no hice dietas y me di la buena vida. Luego volví a la capital para pesarme y enfrentar la realidad: 81 kilos.

Entonces decidí cambiar. Para siempre. Me topé con el blog de M por casualidad y aunque nunca le posteé me ayudó mucho leerla. Decidí lidiar con mis problemas, enfrentar mi ansiedad y mi mala relación con la comida y cambiarla para siempre. Nunca más comer para escapar de mis problemas. Hacer una dieta sana, aunque debiese armarme de paciencia y fuerza de voluntad y aunque me demorara un año entero en llegar a mi peso ideal. No me resultó desde el principio. No siempre fui constante. Tuve varias dietas interrumpidas hasta el 21 de julio, que me dije "no puedo aplazar más hasta el 'próximo lunes' el cambiar mi vida. No puedo dejar más tiempo pasar. Tiene que ser ahora. Debe ser ahora". Y así ha sido, con altos y bajos, pero creo que va bien. Y entonces abrí el blog para apoyarme y los conocí a todos ustedes.

Y esa es mi historia con las dietas. ¿Cuál es la suya?

Mi Historia

Quienes me leen acá saben muchas cosas sobre mí. Saben que tengo 24 años, que peso alrededor de 74 kilos, que estuve pesando 81 en febrero, y quiero pesar 58 kgs. Saben más o menos como es mi dieta, que mi mayor problema es la ansiedad, que tengo un novio que me cuida y me ayuda mucho, que tengo trabajo y mi menú busca acomodarse a eso.

Pero hay mucho que no les he contado, mucho que también es parte de mi lucha día a día. Les conté en uno de mis primeros posts que cuando subí mucho de peso por primera vez fue cuando tenía 17 años por ciertos problemas familiares que me gatillaron una ansiedad mucho mayor que la que normalmente sentía.

Resulta que soy hija única. Mi padre murió cuando yo tenía 12 años. Me quedé viviendo con mi mamá y mis abuelos maternos, lo cual dentro de todo no fue un cambio tan grande en mi vida, ya que siempre pasé mucho tiempo con ellos, dado que tanto mi mamá como mi papá trabajaban bastante.

Mi abuela tenía arteresoclerosis, esta es una enfermedad que afecta la circulación de la gente mayor. Cuando tenía problemas de circulación sanguínea hacia el cerebro, la vida era un infierno para todos los que vivíamos con ella. Se enojaba por cualquier cosa, nos gritaba, nos insultaba, nos recriminaba, nos decía las cosas más horribles y echaba muchos garabatos. Amenazó con pegarme varias veces pero nunca lo hizo. Después olvidaba estos ataques de rabia y si se los recriminabas los negaba y te trataba de mentirosa. Yo crecí con esto, con ella, desde aún antes que mi padre muriera, pero cuando el murió pareció que no había escapatoria a esa casa. Aún cuando mi abuela no estaba enferma con ataques de rabia, era una persona naturalmente manipuladora, experta en chantajes emocionales que siempre funcionaban con mi madre y yo jamás aguanté. En ese tiempo la vida en el colegio privado al que iba también era un infierno, mi doble infierno eran la casa y el colegio, y mi única escapatoria, mi mamá. Era mi madre y mi mejor amiga y a veces salíamos sólo las dos y conversábamos o estábamos en silencio, pero juntas, sabiendo que sólo nos teníamos la una a la otra, o eso decíamos.

La adolescencia fue difícil. El colegio, un infierno. Lleno de mujeres mentirosas, manipuladoras, cínicas, dispuestas a apuñalarte por la espalda a la primera de cambio. Los hombres eran en su mayoría superficiales, y les gustaba salir y emborracharse, y les gustaban las chicas muy lindas y delgadas. Los más estudiosos podían ser bastante competitivos y algo envidiosos. Encontrar amigos de verdad era difícil pero los encontré, no fueron muchos, pero bastante buenos, éramos quienes sobrevivíamos ahí. Freaks y raros para el resto supongo, muchos teníamos difíciles vidas personales y nos apoyábamos y tratábamos de salir adelante. Yo tardé mucho en superar la muerte de mi padre porque nunca tuvimos una gran relación, me costó extrañarlo y me costó darme cuenta que me hacía falta. Así que estaba entre el colegio infernal, la abuela loca y el duelo pendiente por mi padre cuando mi mamá se enfermó.

Comenzó a desarrollar una paranoia. Creía que la perseguían, a ella y su familia, y dejó de salir de la casa y trabajar. Pensé que se le pasaría pronto y que había que dejarla tranquila un tiempo. Yo tenía 16 años, camino a los 17. No se le pasó nunca. Sólo empeoró con el tiempo. Nos acusaba a mí y a mis abuelos de cosas que no entendíamos. Yo llegaba y a veces veía que me había botado a la basura cosas mías sin razón y al preguntarle por qué, me gritaba. Hubo días en los que perdió totalmente la conciencia de sí misma y protagonizó escenas que luego no podía recordar, como una noche en la que estuvo gritando y llorando como un bebé, en lo que a ratos parecía ataque de rabia, de tristeza o desesperación. Nadie podía calmarla. No lloraba como un adulto, sino como un niño pequeño. Sollozaba a gritos. Cuando me veía sólo empeoraba. Tuve que encerrarme en mi pieza para ver si se calmaba. Me dormí muy tarde en la madrugada y fui a dar un examen al colegio al día siguiente. Nunca sentí tantas ganas de morirme en mi vida. La vida simplemente había perdido el sentido. Me levantaba todos los días por obligación y rogaba porque me atropellara un camión.

Un día mi abuela y yo encontramos a mi mamá inconsciente en su cama porque tomó demasiados remedios para dormir. Otro día llegó a mi pieza a decirme que estaba haciendo arreglos (dio a entender que de la índole de un testamento) porque tenía asumido que moriría pronto. Cosas así podían pasar cualquier día. Y no podíamos obligarla a tratarse, no quería y lo peor es que mi tío (su hermano) la apoyaba, le creía todo lo de la persecución y pronto descubrimos que compartía su paranoia, pero él se mantenía trabajando, aunque su comportamiento también se volvió cada vez más errático. No teníamos dinero para internar a mi mamá (todavía no lo tenemos) y es imposible tomar un paso así mientras mi tío la apoye. Habría que internarnos a los dos, y con mi tío eso no nos corresponde (le corresponde a sus hijos, que son adultos) y habría que forzarlos... no, no resultaría, entre el dinero que no tenemos y el hecho de que habría que forzarla pero mi tío se negaría y a él no podemos forzarlo a nada, es imposible.

La enfermedad de mi mamá se ha calmado con el tiempo, no tiene escenas diarias pero sigue creyendo que la persiguen y casi no sale de la casa. A veces habla sola (ella cree que le habla a sus perseguidores y los acusa de las cosas que le han hecho) y tranca las puertas de la casa o hace cosas que no entendemos pero nos imaginamos que van dirigidas a enviarles mensajes a ellos.

A mí con los años me ha costado mucho asumir todo lo que esto me ha provocado. Claramente elegí "comérmelo" por mucho tiempo. Te provoca mucha culpa despertar un día y sentir que odias o le tienes gran resentimiento a esa persona a la cual en el fondo amas. Sentir que hay un abismo entre dos personas que fueron tan unidas como mi mamá y yo. Pasar tanto tiempo preocupada y triste por verla tan mal, que te olvidas de lo que a ti te pasa. Que tienes rabia, que te sientes sola, que realmente caíste en un abismo de soledad cuando aún erea una adolescente y necesitas un padre o una madre o un hermano o alguien que te cuide y te ayude y no hay nadie. Preocuparte tanto de lo que le pasa a ella que no piensas en ti y de golpe debes asumir que también tú tienes necesidades y que no fue justo que te tocara ser la adulta de la casa tan temprano. Negar la propia depresión en la que estás metida porque la paranoia de tu mamá, la artereosclerosis de tu abuela o los problemas cardíacos de tu abuelo son más urgentes. Y de repente darte cuenta de todo y sentir que te llenas de rabia. Y luego viene la culpa por sentir rabia. Sabes que no deberías sentirla porque son tu familia y te aman y los amas y no es su culpa, nada de lo que ocurrió es su culpa. Pero la rabia sigue ahí y tratas de ignorarla o esquivarla para que te deje vivir, para que no te ahogue y no te supere ni te venza, y sólo terminas comiéndote al mundo con angustia y lágrimas atrapadas en tu garganta.

Aún escribiendo esto siento el nudo en la garganta y las lágrimas asomarse. Mucho ha cambiado pero mucho sigue igual. La casa de mis abuelos es un sitio atemporal, los años no parecen pasar, nadie sabe comunicarse con nadie, todos se pelean con todos TODO EL TIEMPO. Mi abuela y mi mamá siguen peleando como dos adolescentes, mi mamá sigue desvariando, mi abuelo sigue evitando involucrarse, mi abuela sigue siendo manipuladora y mi mamá sigue hablando sola y trancando las puertas. Mi abuela se enoja, la critica, mi mamá se enoja de vuelta, pelean y todo vuelve a empezar. Yo por fin me fui de la casa a los 23 años, el año pasado, cosa que quería hacer desde los 18. Ahora mi vida está mucho mejor, pero hay muchas cosas que no he superado. Sigo yendo y sintiendo rabia y tristeza de que las cosas estén así e impotencia por no poder cambiarlas o mejorarlas. Sigo reprimiendo muchos de mis sentimientos. Superé la muerte de mi padre, pero aún no supero la enfermedad de mi madre, ni los traumas que me dejaron los malos tratos de mi abuela durante mi niñez y mi pubertad. Voy, almuerzo con ellos, tengo el contacto mínimo, hablo de noticias o cosas banales e intento huir antes de que se desate alguna crisis. Y no sé como cambiar esto. No sé como ir y no querer llorar de la lástima y la pena y la rabia de ver que todos los problemas siguen ahí, igual y que no se solucionan. Como dejar que cuando mi mamá habla sola no me afecte o cuando mi abuela insulta a alguien no me haga querer insultarla de vuelta. Sólo voy, los veo por poco rato y escapo apenas puedo. Y no quiero escapar más. Quiero enfrentar las cosas y hacerlo bien. Quiero ser una persona sana, con relaciones sanas, no sólo con la familia que me tocó, sino también con la que algún día espero formar. Y para eso necesito superar todo esto, para que no me controle a mí, para que la ansiedad, la angustia, la pena y la rabia nunca más me vuelvan a controlar.

Mi madre y yo

Como muchas niñas, crecí adorando y admirando a mi madre. Soy hija única, y siempre me pareció la más todo: linda, tierna, inteligente, buena persona, etc. Me recuerdo de muy niña probándome su joyería, tratando de parecerme a ella. Pero con el tiempo esa relación cambió. La menciono porque ahora ha jugado un rol importante en mi lucha contra el sobrepeso. Verán, ella es psiquiatra, especialista nada menos que en trastornos del apetito. Sí, irónico, ¿no? Trataba a pacientes con anorexia, bulimia y obesidad.
Supongo que en parte por eso, pero también por amor y preocupación y porque siente que cuando era niña a ella nadie la ayudó, que se obsesionó con evitar mi sobrepeso a toda costa. Cuando yo tenía 14 años llegué a pesar 63 kgs en vez de mis 58 usuales. Inmediatamente lo notó y me puso a régimen por primera vez en mi vida. Yo, que siempre había sido flaca. Pero lo acepté, lo seguí y bajé de peso.
Así seguimos varios años, muchas veces con resultados bastante menos positivos que ése. Alguna vez me llevó a un nutricionista y otra vez donde otro médico, cosas que agradecí. Pero cuando se comportaba como mi "policía de la comida" y vigilaba lo que yo iba a tomar de la cocina, la verdad es que me sentía muy mal y aumentaba mi ansiedad.
Mi madre decía que cuando ella era niña tuvo sobrepeso de ignorante, porque no sabía que se debía comer y qué no, y porque su familia era pobre y compraba mucho pan y menos de otras cosas. Evidentemente que entiendo que no quiere que a mí me pase lo mismo, que sienta que nadie me cuidó, ni me enseñó a comer, ni me dijeron "¿sabes qué? el físico sí importa, digan lo que digan, y también importa la salud y debes cuidarte". Creo que resiente mucho a mi abuela por no haberlo hecho. Y yo, al revés, la resiento un poco a ella porque siento que lo hizo demasiado y me logró obsesionar con algo que inicialmente no me importaba tanto: el físico.
Sé que la salud es importante, pero mi madre rara vez me la dio como razón. La razón era que no quería verme gorda, que no quería que enfrentara burlas por eso o problemas de autoestima. Que el físico era importante. Y creo que en mi mente cobró una importancia sobredimensionada por eso. Cuando estoy gorda me miro al espejo y siento asco. Me siento horrible, recuerdo como me veía cuando era flaca, pienso muchas cosas y me siento muy mal. Luego, cuando en un ataque de ansiedad, mi "policía de la comida" aparecía mirándome con reprobación o pena, o me decía "no comas de ese pan que tiene manteca!!!" yo sólo sentía deseos de gritar o llorar. Sí sabía que no debía comer esas cosas pero la ansiedad me superaba y ella me la incrementaba. Siempre me sentía culpable de comer y muchas veces busqué hacerlo a escondidas de ella. Le dije MIL VECES que lo que me decía me hacía peor, y aunque como siquiatra me entendía, como madre no podía evitar volver a hacerlo. Y ahí ibamos de nuevo.
Ya no vivo con ella, y soy bien grandecita para hacerme cargo de mis problemas en vez de cargárselos a ella, o a las mega problemáticas relaciones que tengo con mi familia en general. Debo hacerme cargo y eso intento. Y ella me ve orgullosa como bajo de peso sola, y no me dice nada, espera a que yo saque el tema. Las cosas están bastante mejor ahora. Y ya no quiero ser como ella, como cuando era chica. Sólo quiero ser yo, y estar feliz con quien soy. Y no lo hago sólo por la importancia del físico, como ella tanto repitió, aunque sí quiero verme y sentirme linda. Lo hago por mi salud, porque tengo una mala relación con la comida, porque para mí será un logro importante... en fin, pueden leerlo en mi entrada de mis motivos. ¿Cuáles son los suyos?

Como empezó todo

Mido 1,66 cms. Tengo 24 años. Debería pesar entre 58 y 61 kilogramos para estar en mi peso ideal. Mi contextura es media. Tengo la suerte de tener todo bien marcado, una figura muy curvilínea, que a veces me ha ayudado a verme más delgada de lo que en realidad estoy. Pero cuando de sobrepeso pasas a tener obesidad, aunque sea leve (tipo 1), nada ayuda, simplemente se nota. Lo terrible no es que lo noten los demás, es que tú lo notas y tú te sientes incómoda al mirarte al espejo.

Siempre fui delgada-normal. Hasta como los 16 años, cerca de los 17. Entonces tuve mi primera gran subida de peso. Pesaba más de 70 kg, no recuerdo cuantos, ¿quizás 74? Fue un año muy difícil para mí en el ámbito personal, por varios problemas familiares que he detallado un poco más en mi otro blog. Entonces hice la primera dieta en serio, la que ya no era para "bajar un par de kilos", la hice con ayuda de un médico durante el verano, cuando tenía 17 años e iba camino a los 18. Bajé bastante, llegué a los 64 kgs. Pero durante el año, enfrenté otro año complicadísimo a nivel familiar/personal. Volví a subir. Un nuevo verano, sin ayuda de médico, me dio otra baja considerable, aunque no tan grande como la anterior. Y un nuevo año me hizo volver a subir.

Luego, en la universidad no volví a intentarlo "en serio" (dietas que rompí a la semana no cuentan) sino hasta como el 2006, cuando estaba en tercer año de carrera. Una amiga me recomendó una dieta buenísima y equilibrada y con la aprobación de un médico de la familia me lancé a hacerla. Entonces pesaba 76 kg. Llegué a los 60 en un punto. Me sentía y me veía muy bien, realmente estaba en mi peso. Lo mantuve por más de un año, un récord para mí. Pero luego tuve un quiebre definitivo con mi novio de aquel tiempo. Y volví a subir.

Sin embargo, no fue sino hasta este verano austral que llegué a los 81 kg. Obesidad leve (tipo 1). Nunca antes pesé tanto en mi vida. Ahora comprendo que con hacer dieta no basta. Puedo bajar el peso que necesito, aunque ahora sea más que nunca y aunque mi cuerpo tarde más tiempo en perder kilos de lo que lo hacía antes. Pese a todas las dificultades, si estoy bien, puedo. Pero, ¿cómo evito volver a subir cuando vuelva a haber problemas en mi vida personal? Para eso necesito ayuda. Para aprender a enfrentar mi ansiedad, mi adicción a la comida, que ya no me hace disfrutarla siquiera, sólo me la echo a la boca y ni me doy cuenta cuando se acaba. Como puedo seguir después de estar saciada, como puedo seguir hasta sentirme físicamente mal. Ahora comprendo que es una enfermedad como cualquier otra, que atacar los síntomas, dentro de todo, no es tan difícil, pero ¿cómo consigo realmente sanar y evitar volver a padecerlos?

Ahora veo que mi madre tenía razón cuando decía en mi adolescencia que tendría que cuidarme de esto toda la vida, porque mi padre también era ansioso y eso lo hacía tender a subir de peso en momentos difíciles. Ahora entiendo que para esto necesito ayuda. Pienso que si mantengo actualizado este blog, y escribo aquí cómo me va, todo el tiempo, aún después de bajar todo el peso que quiero bajar, me ayudará a enfrentar el problema. Si sé que hay otros con problemas similares a quienes puedo leer y que me lean, también ayuda. Es un primer paso. Una primera forma de pedir ayuda. Sé que no es suficiente, que debo hacer más. Pero esta es mi forma de comenzar.

Todo el camino desde marzo 2009

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