Sobre esto, me hizo reflexionar. A la gente que no tiene grandes problemas de sobrepeso le cuesta tanto entender lo difícil que nos resulta. He escuchado comentarios absolutamente insensibles y faltos de empatía al respecto y otros que revelan simple y lisa ignorancia. Como "basta con dejar de comer pan y subir más escaleras y listo, yo nunca he necesitado una dieta en mi vida". Bueno, seguro que dejar de comer ciertas cosas engordantes y subir unas cuantas escaleras te ayuda a perder un par de kilos, pero qué pasa si los que tienes que perder son 20? Si lo que en realidad tienes que hacer es cambiar todo tu estilo de vida? O "si lo que hay que hacer es comer de todo con moderación y punto". Bueno querida, se ve que tú nunca has sentido la necesidad absolutamente irracional y descontrolada de ir a la cocina y comer todo lo que encuentras, incluso sin hambre, sólo con ansiedad. Te reto a que cuando sientas algo así, tan fuerte y que te supera tanto, recuerdes que "sólo hay que comer de todo con moderación". En fin, es gente que simplemente no entiende que si llegamos a ser gordos es porque tenemos un problema, y que es profundo, y que a nadie le gusta estar gordo y si cambiar esta condición fuera tan fácil, todos lo habríamos hecho y seríamos delgados. Gente que simplemente no entiende que nuestra mente no funciona igual que la de ellos, que seguramente aprendimos cuando eramos niños o adolescentes a escapar de los problemas comiendo, y que no es tan fácil como decir "no lo hago más" porque es medio inconsciente y no nos damos cuenta, hasta que sentimos unas ansias sobrehumanas de ir a comer y pegarnos un atracón y no logramos aguantarlas o elegimos no aguantarlas. O porque toda la comida deliciosa que engorda en nuestras mentes cobra un valor desmedido, como si comerla fuera a ser lo más maravilloso del planeta y ahí qué fácil es olvidar que ese placer va en contra de todos nuestros objetivos. Y cuando lo recordamos ya es tarde, y sólo nos queda la culpa.
Mantenernos enfocados en nuestros objetivos y no ceder en nuestros objetivos y no ceder ante la ansiedad y los atracones ni comer para recompensarnos o simplemente por gula durante toda una dieta es muy duro, y cuando terminamos la dieta no volver a hacerlo y recuperar el peso perdido es más duro aún. La determinación por sí sola no basta. Hay que identificar los problemas de fondo y trabajar en cada uno de ellos, y esto es un proceso largo. Si no lo hacemos, puede que perdamos peso, pero el problema real (nuestra relación con la comida) se mantiene sin resolver, y corremos el riesgo de volver a engordar por lo mismo.
También frecuentemente nos inventamos excusas y como niños pequeños y traviesos intentamos justificar infantilmente el habernos portado mal, nos mentimos a nosotros mismos, nos decimos "no lo volveré a hacer" sólo para volver a hacerlo minutos más tarde, porque no conocemos los términos medios, y si nos salimos un poco de la dieta eso ya lo utilizaremos como excusa para decirnos "si total ya lo arruiné, qué más da comer un poco más hoy" y nunca es un poco, y nunca es "sólo por hoy".
Tantas complejidades que la gente no ve a simple vista. Solo nos ven gordos, no entienden por qué no nos cuidamos más, y nos ven siempre a dieta, y no entienden por qué nos castigamos con dietas eternas que no nos parecen funcionar y simplemente no nos preocupamos de "comer de todo con moderación" o "comer menos pan y subir más escaleras". Porque ellos no tienen el mismo problema que nosotros, porque ellos lo ven desde afuera, porque para ellos es algo muy simple que no entienden por qué lo complicamos tanto. Pero, ¿saben qué? Darnos cuentas de nuestro problema es un primer paso, y hacernos cargo de él, es el segundo. Al diablo con lo que digan los demás. Ya le llevamos mucha ventaja a quienes ni siquiera quieren ver que tienen un problema. Y estamos aquí, dando la pelea por solucionarlo, y no nos rendiremos hasta lograrlo. Y luego, no sólo nos recompensará el espejo, sino que viviremos vidas más sanas, que es la verdadera recompensa.



